La encrucijada cubana

Cuál Dirección?? O Madrid o la Habana??

Cuál Dirección?? O Yara o la Madrid??

Si la revolución tuviese por objeto mudar de manos el poder habitual en Cuba, o cambiar las formas más que las esencias, caería naturalmente la obra revolucionaria en los que, por profesión o simpatía o liga de intereses, están, entre los habitantes de la Isla, abocados al ejercicio del poder.

José Martí, 19 de marzo de 1892

Cada día me convenzo más de lo necesario de un retorno a ciertos ideales mambises que tuvieron como centro una moralidad y una ética sin fronteras. Creo que solo esta actitud pudiera servir de derrotero en medio del actual proceso de reformas que atraviesa Cuba (esa “actualización” ramplona cuyo resultado final todavía es imposible prever), sobre todo porque la ética y la claridad serían los únicos garantes del sujeto más allá de los discursos y las campañas mediáticas de los partidos en pugna. Hablo de una ética de la sospecha, por más raro que parezca el término, una ética de la desconfianza, del andarse con sigilo, de sacrificarlo todo, únicamente, a la conciencia de la justicia.

Pero hoy en Cuba hacer justicia es muy difícil. Como dijo una vez un amigo: “en las vidas más adversas la incoherencia fundamental entre el desamparo mismo y las categorías creadas ⌈por el Estado⌉ para proteger a los desamparados, no alcanza ningún sentido“. Además, la dinámica entre los medios oficiales y los otros medios es una dinámica de mutua desacreditación, aunque solo los primeros lo hagan de manera consciente e intencional (1). Por lo tanto, aquel símbolo de la prensa como can guardador se ha transformado más bien en el retrato de una absurda pelea de perros, con sus casos aislados y paroxísticos (p.e.: el affaire Vanguardia y la Carta de algunos de sus trabajadores). En este contexto, encontrar el camino se vuelve una tarea de titanes, casi un martirologio, un cantero de angustias y sacrificios. Pero esa no es más que la tarea nuestra, la que nos es más propia porque es la de esta época.

En este sentido hoy nos toca empoderarnos. No hay sencillamente otra posibilidad para salvar el proyecto histórico de una nación más justa y humana. Y empoderarnos significa desconfiar -ser conscientes- del sustrato ideológico falaz (un pleonasmo!!) que las plataformas digitales más novedosas comparten con los aparatos mediáticos del poder. Empoderarnos es buscar una tercera opción que incluya o no la colaboración (la visibilidad) en estas plataformas. Es utilizarlas, aprovecharse de ellas, subvertirlas, SUBVERTIRLO TODO, ya que al fin o al cabo, como diría Martí en su discurso de Steck Hall: “decir es un modo de hacer”, de volver visible, de encarnar. Se trata de un poderoso trabajo de laborantismo, de formación de conciencia, de ir sembrando la semilla de la Revolución. Cuba tiene el derecho de ser cada día más libre, más justa, más soberana. Cuba tiene la necesidad de ser original, independiente, antimperialista. Cuba también tiene la necesidad de recuperar la memoria.

Triste país el nuestro que nunca ha conservado muy bien su memoria!!! No viví los sesenta ni los setenta, y sin embargo hoy algo así como una forma del inconsciente histórico se ha despertado en mí para hacerme sentir amenazado. En el Noticiero Estelar de la televisión se dio inicio a una campaña de reafirmación político-ideológica donde los jóvenes cubanos presenta su rechazo al programa de becas promovido por EE.UU. Yo supongo que sea muy legítimo que los jóvenes cubanos rechacen esta maniobra, similar en más de un sentido a esa otra maniobra que infestó el continente con cuadros neoliberales, pero ¿se requiere ese tono patético de gritería, de insulto operístico e hipócrita? De repente uno tiene una súbita regresión a esos instantes de marchas contra los gusanos y exigencias de paredón. Es la avalancha del pensamiento único, de la intolerancia, de lo más vil que ha tenido la Revolución Cubana de 1959.

Cuba necesita su memoria. Como dijo José Martí una vez en Patria: “En los pueblos, como en las familias, mucho se olvida, porque mucho se debe olvidar, cuando, por algún suceso de gravedad inesperada o prevista, llega para todos la hora suprema de la obligación común: aunque el olvido sería inmoral si por exceso, o por falta de proporción a la realidad, pusiese en peligro los ideales que a tanta costa y en confusión tanta se defienden

“El patriotismo purifica y sublima a los hombres, y por una ley de reacción natural, suele en las horas críticas lucir con fuego intenso en aquellos a quienes estimula el arrepentimiento de los años culpables de patriotismo cómodo; o en los que, enojados de su crédula e inútil fe, ponen en la doctrina nueva el justo deseo de castigar a quienes defraudaron; o en los que en el bautismo del patriotismo puro anhelan lavar sus culpas grandes. El pecado continuaría, en unos por soberbia, o por política literaria y señoril en otros, si los que saliesen vencidos, sin una sola conquista real, de una época estéril, en que el mero permiso de vivir no ha de confundirse con la vida, trajeran a la época nueva, preparada contra su voluntad y sin su ayuda, una arrogancia que se avendría mal con la demostración plena y anterior de la inutilidad de sus consejos” (La agitación autonomista, en Patria, 19 de marzo de 1892).

Cuba necesita entonces una ética de la memoria que se traduzca en una ética de la sospecha que redunde, finalmente, en una ética del compromiso con la justicia y el sacrificio absoluto. Esta es la tercera opción, la única válida, la única posible, mientras el poder siga fundando su hegemonía en el oportunismo y el miedo, y los medios alternativos o privados, como quieran llamarles, continúen capitalizando el talento y abogando por una solución que hoy también ignoramos.

(1)  Cuando hablo “LOS OTROS MEDIOS” me refiero básicamente a los tres medios más benignos que se mueven en la nueva esfera pública en que ha devenido internet: onCuba, elToque y Periodismo de Barrio(PB).

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